Desinformación contra memética en el conflicto de Ucrania

Desinformación contra memética en el conflicto de Ucrania

Kiev ha sido ya tomada. O no lo ha sido todavía, pero le quedan unas pocas horas de resistencia agónica. O la Blitzkrieg rusa ha empezado a perder pegada y el objetivo de tomar la capital se complica. Tampoco es descartable que los invasores rusos no vayan a salir inesperadamente derrotados de la contienda. Escenarios contradictorios a los que debemos añadir el misterio del "fantasma de Kiev", un piloto ucraniano responsable de haber derribado seis cazas rusos en los cielos de la capital. Aunque ahora mismo no se sabe si semejante gesta ha sido real o (como todo parece indicar) creación de la propaganda de guerra ucraniana.

En el siglo XIX, el militar prusiano Carl von Clausewitz acuñó el término "niebla de guerra" para referirse al estado de incertidumbre y confusión que subyace al conflicto. Dicen que Clausewitz se inspiró en el humo que salía de los mosquetones después de disparar, el cual inundaba el frente de batalla de una densa bruma que ofuscaba la mirada de la tropa. Tan pronto como el combate estalla, el efecto de la fricción (el choque de estrategias) conduce a una situación caótica, que dificulta mucho obtener una lectura clara de lo que sucede ante los ojos. Escribe Clausewitz:

[L]a niebla provoca que el enemigo sea descubierto a destiempo, que un fusil se dispare en el momento menos oportuno, o que un informe no llegue a manos del general en jefe; allí, la lluvia impide la llegada de un batallón y hace que otro no aparezca en el momento exigido (...) ("De la guerra").

Si el autor prusiano viviera hoy, no se limitaría a subrayar este componente azaroso, sino que entraría a analizar las modernas técnicas que se han desarrollado para explotarlo en beneficio de uno, con vistas a sembrar activamente confusión en el terreno enemigo. Me refiero, claro está, a lo que se conoce como "desinformación". Las contradictorias noticias que llegan de Ucrania demuestran que la "niebla de guerra", lejos de haber desaparecido con el perfeccionamiento de los medios tecnológicos, constituye un arma fundamental en el arsenal de los conflictos posmodernos. El goteo constante de microdosis informativas sin contexto ha dado pie a una irrealidad, en la que los engaños y la desinformación (fake news me parece un término excesivamente pobre) proliferan sin control.

Probablemente el gran activo de Rusia sea su capacidad para cabalgar en el temporal de la desinformación (y hasta dirigirlo como un timonel). Cuando se trata de la campaña de Ucrania, noticias aparentemente fehacientes quedan desmentidas a las pocas horas, se contradicen entre ellas, el material audiovisual utilizado procede de otro momento y lugar o incluso de un videojuego. Algo desesperante para cualquiera que intente hacer un seguimiento en tiempo real de la pugna (empezando por el ejército ucraniano, principal interesado en obtener una imagen clara de lo que está pasando).

Al calor de la guerra del Golfo, Jean Baudrillard publicaría en 1991 "La guerra del Golfo no ha tenido lugar", un compendio de artículos en el que anticipa las formas del conflicto en una era posmoderna. Como si estuviera hablando de la actual guerra de Ucrania, dice:

De este modo hemos pasado en una semana del 20 al 50%, y después al 30% de destrucción del potencial militar iraquí. Un cifra fluctuante, exactamente como las cotizaciones de la Bolsa. (...) [Se pretende] abolir cualquier comprensión del acontecimiento. Lo que resulta de ello es una atmósfera irrespirable de decepción y de estupidez. Y si uno toma vagamente conciencia de que es víctima de esta satisfacción y de este desengaño de las imágenes, remoza esta decepción y sigue fascinado por la evidencia del tinglado de esta guerra, que se nos inocula por doquier, por los ojos, por los sentidos, por los discursos.

La paradoja es evidente. Estando como estamos atiborrados de informaciones, la facultad de comprender lo que de verdad acontece nos es vetada por un permanente desengaño, estado de alucinación meticulosamente diseñado por los técnicos de la manipulación de masas. La "niebla de guerra" de nuestro propio tiempo se nos presenta revestida de las infinitas caretas y disfraces de la desinformación, cuyo dominio asegura una importante ventaja táctica en un momento histórico en el que los hechos se viven casi en streaming (también por parte de los propios militares). Y Rusia se ha convertido en aventajada mundial de esta clase de engañifas, que proyectan una incomprensión generalizada sobre los sucesos... y que le sirve para confundir al mundo acerca de sus capacidades militares reales.

En cuanto a la estrategia de Ucrania, su manera de enfrentarse a la desinformación rusa ha sido la memetización (viralización) de su causa en redes, probablemente esperando que su apuesta comunicativa cuaje en la forma de un apoyo militar por parte de la OTAN. El requisito previo para lograr eso es el "ganarse los corazones y las mentes" de la opinión pública de Occidente, que precisa de memes dirigidos (y digeribles) para adoptar una posición. Así es cómo han proliferado analogías entre la dramática situación de Ucrania y los universos ficcionales de Star Wars y Marvel: Putin como Emperador Palpatine y los ucranianos como la Alianza Rebelde o el "fantasma de Kiev" como Vengador.

A esto lo han llamado Katherine Dee y Marry Harrington la fandomificación del conflicto bélico, en la que las categorías cognoscitivas simplistas de la cultura hollywoodiense permiten una rápida identificación de las facciones en pugna. Habilitan así una toma de partido, fundamental para legitimar cualquier intervención en favor de alguna de las partes. En este sentido, la figura del Presidente Zelenski grabándose en las calles de Kiev ha logrado proyectarle como figura heroica, de una manera que quizás ni los propios rusos esperaban (su popularidad es mayor ahora que nunca antes).

No obstante, se insinúa otro debate, que ya ha sugerido inteligentemente Samo Burja: si los líderes ucranianos no se estarán obcecando en su búsqueda de victorias simbólicas (virtuales) en un conflicto bien real, y si el apoyo mediático de Occidente sigue siendo tan relevante en un contexto en el que éste anda en proceso de perder su hegemonía mundial. Es evidente que la desinformación proporciona una ventaja estratégica clara, pero... ¿y la memética?

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